domingo, 16 de noviembre de 2008


"Cada uno hace su vida. ¿Entendes?" .
Eso terminó de matarme, ahora sí: Por favor, introduzcan mis dedos en el enchufe y rocíenme cianuro en polvo. Sabía que lo que seguía iba a ser duro, pero él me facilitó mucho las cosas. Me dijo que me hacía mal verlo, a lo mejor no vernos más era la solución. Yo accedí, aliviada porque no me tocó a mi proponerlo.
-Es que sigo muy enganchada con vos.
-Bueno, no quería tocar ese tema.
Su café cortado ya no existía y mis cigarrillos tampoco. Mi coca cola Light quedó a medio tomar al rayo del sol, que ahora me iluminaba sólo a mí. Le dije entonces que me hiciese caso y él prometió no volver a escribirme, ni llamarme, ni nada que se le pareciese. Aceptó, no le costó nada hacerlo.
"Esto me duele en el alma -dije- yo sigo enamorada de vos". Nos quedamos en silencio y él llamó al mozo con señas. Pagó y me dijo: "¿Vamos?" Dando por terminada la charla.
Caminamos y sentí su mirada en mi cuerpo: "Cambia esa cara por favor"me dijo. "¿Querés que ponga cara de feliz cumpleaños?"- Le dije sarcástica.
¿Pensaron que él iba a portarse bien? ¿Que iba a seguir mis comandos? No, ese buitre no iba a dejarme en paz. No iba a hacerlo, no puede hacerlo, no sabe cómo se hace. No puede: su naturaleza, su cuerpo, su sangre, toda su hombría grita: "¡soy mal tipo!". Eso le enseñaron, es lo que sabe hacer, es lo que, queramos o no, me gustó de él. Su obstinación, su terquedad; todo lo que para la gente son tremendos defectos para mí son las más maravillosas virtudes; porque nunca pude ser como él, aunque estaba empezando a parecerme. Aprendería a sobrevivir en la jungla, donde él era el león y yo un bambi desprotejido.

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