Empezamos a hablar una noche y te mostrabas encantado por cada cosa que a mi me gustaba. Claro, vos no tenías la más mínima idea de qué eran esas cosas locas y raras de las cuales yo, por mi parte podía pasarme horas y horas hablando. Pero vos venías con un sólo y simple, pero a la vez difícil motivo: conquistar todos mis sentidos. Tenías la sonrisa perfecta, el consejo más sincero, la palabra precisa y la mirada triste. Me buscabas a mí para olvidarte de ella, la persona que era responsable de esa mirada perdida, con la cual empezaste a usar esas palabras y se las pediste prestadas para poder sorprenderme a mi con algo que no era tuyo. Con esa esencia que habían formado entre dos personas, esa esencia que intentas venderme a mi para convencerte de que ya no depende de esa sonrisa que se mantuvo firma, hasta que ella te dejó.
domingo, 25 de enero de 2009
Empezamos a hablar una noche y te mostrabas encantado por cada cosa que a mi me gustaba. Claro, vos no tenías la más mínima idea de qué eran esas cosas locas y raras de las cuales yo, por mi parte podía pasarme horas y horas hablando. Pero vos venías con un sólo y simple, pero a la vez difícil motivo: conquistar todos mis sentidos. Tenías la sonrisa perfecta, el consejo más sincero, la palabra precisa y la mirada triste. Me buscabas a mí para olvidarte de ella, la persona que era responsable de esa mirada perdida, con la cual empezaste a usar esas palabras y se las pediste prestadas para poder sorprenderme a mi con algo que no era tuyo. Con esa esencia que habían formado entre dos personas, esa esencia que intentas venderme a mi para convencerte de que ya no depende de esa sonrisa que se mantuvo firma, hasta que ella te dejó.
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